Mundo ficciónIniciar sesiónLa Parroquia de Santa Catalina tenía esa grandeza particular de las iglesias coloniales que no necesitan esforzarse para intimidar: sus muros de cantera de tres siglos absorbían la luz y la devolvían transformada en algo más solemne, sus techos abovedados convertían cualquier sonido en eco de sí mismo, y el olor permanente de cera derretida y flores viejas se mezclaba con







