Capítulo 4: Marcando el Territorio 

Capítulo 4: Marcando el Territorio 

​Tenerla así, justo frente a mí, era una visión que superaba cualquier fantasía que hubiera tenido en mis noches más solitarias. Su trasero, blanco y perfectamente redondo, estaba allí, desnudo y expuesto a mi entera merced. Al arquear la espalda de esa forma tan provocativa, Lia dejó a la vista un secreto que me cortó la respiración: un tatuaje que nunca antes me había mostrado. Era una guía floral de rosas con espinas que nacía en su nuca, recorría el centro de su columna y terminaba justo sobre su coxis.

​No pude evitarlo. Recorrí con la yema de mis dedos cada espina tatuada en su piel, sintiendo cómo se estremecía bajo mi tacto. Bajé mis manos hasta sus pechos, llenando mis palmas con su firmeza y apretándolos con una urgencia que me hizo gruñir. Lia echó la cabeza hacia atrás, buscando mi mirada, y en sus ojos vi una experiencia que me retaba a seguirle el ritmo.

​Sujeté sus caderas con una fuerza que dejaría marca y guié mi dureza directamente hacia su centro. Estaba hirviendo, caliente y empapada, lista para recibirme.

​Empujé con una lentitud tortuosa, disfrutando de cómo cada centímetro de mi miembro era reclamado por su calor. Lia me rodeaba como un guante que calza a la perfección, apretándome con una maestría que solo ella poseía. Cuando llegué al límite, empujé con un golpe seco y profundo, llenándola por completo. Ella soltó un gemido salvaje, un grito de liberación que pareció hacer vibrar los cristales del departamento.

​Empecé a moverme. No tenía prisa; quería saborear la fricción, el sonido húmedo de nuestros cuerpos chocando y la forma en que su tatuaje de rosas parecía cobrar vida con cada una de mis embestidas. Lia se acoplaba a mi ritmo con una agilidad asombrosa, respondiendo a cada estocada con un movimiento de cadera que me estaba volviendo loco.

​Fue entonces cuando Kate, impulsada por un hambre que no sabía que tenía, se deslizó bajo el cuerpo de Lia. Se sentó en el sofá y, con las manos temblorosas pero decididas, comenzó a masajear y succionar los pechos de su amiga. Ver a la "niña buena" devorando a la "rebelde" mientras yo la poseía fue el detonante final. Lia soltó un jadeo de puro deleite, entregándose a la boca de Kate mientras yo intensificaba el ritmo, transformando mis embestidas en algo mucho más agresivo y posesivo.

​Kate no se detuvo ahí. Con la mirada fija en cómo yo entraba y salía de Lia, llevó una mano a su propia entrepierna y empezó a frotarse con una desesperación hipnótica. La sinfonía de sus gemidos mezclados era la música más excitante que había escuchado jamás.

​Pronto, el cuerpo de Lia se arqueó violentamente. Sus músculos internos me apretaron con una fuerza descomunal y sentí el chorro ardiente de su orgasmo bañándome, escurriendo por sus muslos. Se había roto por completo.

​Me separé de ella, jadeando, con el pecho subiendo y bajando. Lia se veía radiante, deshecha por el placer, pero Kate... Kate me miraba con una súplica que me quemaba la piel. Quería su turno. Quería ser marcada.

​Lia, aún recuperando el aliento, le dio un beso profundo y cargado de lujuria a Kate, antes de ayudarla a posicionarse. La condujo al sofá y se colocó detrás de ella, sujetando sus piernas y abriéndolas en un ángulo que me permitía verlo todo. La imagen era devastadora: Lia, con la falda arremangada y el sostén fuera de lugar, sosteniendo a una Kate que temblaba de anticipación. El pecho de la rubia estaba sonrosado por el contacto previo, sus bragas habían desaparecido y su humedad brillaba bajo la luz de la sala.

​Lancé mis boxers a un lado, sintiendo el aire frío en mi piel antes de acercarme a ella. Mientras Lia lamía con parsimonia el cuello de su amiga, yo atrapé las manos de Kate contra la pared, inmovilizándola, haciéndole sentir quién mandaba en esa habitación. Me posicioné en su entrada, sintiendo cómo sus músculos se contraían y se relajaban, rogando por contacto.

​Me acerqué a su oído y, con una voz que era puro instinto, le advertí:

​—Esto no será gentil, pequeña... y te va a doler. ¿Aun así lo quieres?

​—Ethan... sí, por favor... no aguanto más —suplicó ella, cerrando los ojos y ofreciéndose por completo.

​Tomé mi miembro, lo apunté al centro de su inocencia y empujé con toda la determinación del mundo.

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