Respiró hondo, buscando las palabras correctas.
—Ahora entiendo tu comportamiento, tu miedo, tu intensidad. Dios mío… perdóname por haberme ido de tu departamento así, por no haberte llamado, por haberme ido a casa de Gabriel… y luego haberte dicho que te fueras. Me desesperé. Ver cómo él recibía ese golpe, solo por estar ayudándome, me destrozó… pero nunca quise herirte. Perdóname, amor. Yo nunca… nunca voy a cambiarte por él. Porque eres tú a quien amo.
Thor cerró los ojos y apoyó el rostro e