Fue entonces cuando Verónica apareció deslumbrante.
— Thor, querido! — exclamó, envolviéndolo en un abrazo exagerado.
Thor correspondió con un toque mecánico, frío.
Verónica se volvió entonces hacia Celina con una sonrisa en los labios.
— Celina, estás preciosa!
Celina solo inclinó la cabeza, sin ocultar el desprecio que sentía.
Verónica acomodó el bolso en el hombro y dijo con una voz dulce:
— Ah, es hora de la entrevista, vine a buscarte!
Antes de salir, como si recordara algo muy importante,