Thor y Celina salieron del hospital. La consulta había sido tranquila: ella y los bebés estaban bien, los puntos ya habían sido retirados. Thor conducía con una mano en el volante y la otra aferrada a la de Celina, como si ese simple contacto fuera el ancla que lo mantenía conectado a la realidad y al futuro que estaban construyendo juntos.
Celina, contemplando el movimiento de las calles de Nueva York por la ventana, decidió tocar un tema delicado. Sabía que tenía que ser ahora, que Thor neces