—¿Qué pretendes lograr?
—No pretendo lograr absolutamente nada— respondió él en cambio después de un rato en silencio pensando su respuesta analizando cada detalle.
No podía creerse que después de tanto tiempo su mujer estuviera allí en el mismo carro que él, a tan solo unos escasos dedos de sus manos.
Él había seguido todos sus pasos desde que se fue de Italia.
—Hemos pasado por demasiado como para que ahora me diga que no sé lo que piensas.
—Te aseguro que no sabes absolutamente nada de mí de