—¿Antonella, sucede algo? —escuchó la voz de Vicenzo y se tapó la boca asustada. Había hablado demasiado alto.
—Nada— dijo después de unos segundos, intentando que su corazón se calmara.
—¿Estás segura que estás bien? —preguntó él —voy a abrir la puerta.
—¡No abras la puerta! —Ella se lanzó de manera impulsiva y con su cuerpo delgado y esbelto, intentó evitar que Vicenzo entrara y la encontrara desnuda.
La toalla cayó al piso y se quedó con la espalda pegada a la puerta y los brazos extendidos