Subimos al avión de regreso a casa y ella se quedó dormida en mis brazos. Yo no aguanté más y caí en los brazos de Morfeo.
Aterrizamos en Buenos Aires, y un taxi nos llevó hasta el hotel. Ambos nos encargamos de revisar el trabajo atrasado que Antonella tenía. Era mucho. Llegó la hora de cerrar y yo supervisé que todo estuviera en orden mientras ella hacía pedidos a los proveedores.
Un poco después, ella se quedó dormida sobre el escritorio. La cargué hasta su habitación y nos acostamos juntos.