Sin derechos.
Narrador.
Lo inevitable llegaba por ambas partes; la presión de sus manos en ella, sus embestidas y sus susurros acabaron con su cordura y un gemido de placer salió de su boca.
Cuando terminó lanzando dentro de ellas choros punzantes de su semen la volvió a tomar por el cuello, —no vuelvas a marcarme, de este modo— se señaló la mordida, — si es tu manera de sentir que no te humille, déjame decirte que yo siento todo lo contrario, te doblegue tanto que no eres capaz de rogar por clemencia por q