No conoces la decencia.

Narra Ignacia.

Él retrocedió y se alejó, bajando la mano para empuñarse el falo. Yo me revolvía nerviosa, sin poder apartar la vista de aquella habilidosa mano y de esos largos y elegantes dedos que recorrían la extensión poderosa.

A medida que la distancia entre nosotros se agrandaba, empecé a suspirar, mi cuerpo respondía a la perdida del suyo y la cálida languidez que él le había infundido con su roce se convirtió en un fuego lento, como si hubiera preparado una hoguera que hubiera sido ati
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP