Capítulo 59. Falsa promesa.
El silencio que siguió a la llamada fue sepulcral. Diana estaba temblando, con los ojos fijos en el teléfono apagado. Massimo caminaba de un lado a otro de la cabaña como un león enjaulado, pateando una silla vieja.
—¡Los voy a matar! —rugió Massimo—. ¡A Conrad, a Clara, a todos!
—Tienen a mis padres, Massimo —susurró Diana, con la voz muerta—. Y tienen a Val rodeada.
—Es una trampa —dijo Renzo, recargando su escopeta compulsivamente—. Si vas a la mansión Thompson, nos estará esperando. Tienen