Capítulo 116. La llamada del millón.
La cocina quedó en silencio absoluto. Solo se escuchaba el zumbido de la nevera vieja y la respiración agitada de los presentes.
El teléfono satelital negro estaba en el centro de la mesa, como si fuera un ídolo al que todos adoraban.
Massimo se inclinó sobre el aparato. Diana le apretó el brazo con fuerza. Renzo había dejado de masticar su queso. Hasta Gaetano y Andrea se habían acercado, sintiendo que algo importante estaba pasando.
—¿Robert? —dijo Massimo al altavoz—. Dime, ¿qué hay de nuevo