Capítulo 100. La única jugada.
—Oro —dijo Massimo.
Ágata no parpadeó, pero sus dedos se apretaron sobre el mango del bastón.
—Oro... —murmuró—. Así que las leyendas del viejo Carusso eran ciertas.
—Todo el oro de la reserva familiar —confirmó Massimo—. Y necesito sacarlo de aquí esta noche.
—¿Por qué? —preguntó Renzo, dejando de sonreír—. ¿Por qué moverlo ahora? Aquí tenemos la caja fuerte. Es segura.
—Porque aquí somos un blanco fijo, Renzo —explicó Massimo, girándose hacia su socio—. Si Conrad decide bombardear la casa, o