Con cuidado, la recostó sobre la cama y se apartó para empezar a quitarse el resto de la ropa mientras ella se acurrucaba de lado, observando el deliberado espectáculo de desvestirse.
Se quitó los zapatos, los pantalones, la ropa interior y los calcetines con unos movimientos rápidos y precisos que la dejaron sin aliento. Pero no tanto como la visión de su cuerpo: su delgadez, su fuerza y la arrogancia con la que lo exhibía, intensificando aún más la excitación que sentía…
La primera vez habí