Freya lo miró y se quedó helada, antes de que la razón y la cordura la abrieran paso. El alivio tenía un tinte agridulce. "No", suspiró, "No pasa nada, estoy... a salvo".
Se mordió el labio, consciente de repente de cómo se balanceaba precariamente sobre el escritorio con la mirada de Travis fija en ella. Se sentía en carne viva, como si le hubieran arrancado una capa de piel. Apretó los puños.
"¿Estás seguro?", preguntó.
Freya se obligó a mirar a Travis. Torció la boca. "Sí. Estoy segura. Me a