Una sonrisa asomó a sus labios, aunque intentó reprimirla.
«Shh», susurró él contra su garganta, como si temiera que hablara y arruinara el momento.
Pero esa era precisamente su última intención; se sentía demasiado bien, demasiado en paz, demasiado unida a su amante, quien le había dado tanto como había recibido. Era una sensación hermosa. Y tan hermosa como eso era saber, por aquel «shh» perezoso, que él sentía lo mismo.
Finalmente se separaron, con una coordinación sensorial aparentemente pe