Considerando lo que pensaba de sí misma esa mañana, ¡solo podía imaginar lo que él estaría pensando de ella! —¿Te vas de una vez? —gritó, con la voz amortiguada por la almohada.
—¿Camille?
Camille apretó los dientes; tenía que enfrentarlo en algún momento. Apartándose el cabello de la cara con ambas manos, se giró boca arriba. La dirección de su mirada la hizo ver sus hombros descubiertos. Sonrojada, se cubrió con la sábana hasta la barbilla.
—Un poco tarde para la modestia, ¿no crees?
Los ojos