El perímetro cayó en silencio absoluto.
Los hombres de Lissandro avanzaban como sombras entre las paredes de concreto. No hablaban. No corrían. No dudaban.
Uno a uno, los guardias desaparecían en la oscuridad.
Sin alarmas. Sin gritos. Solo pasos amortiguados y cuerpos que dejaban de ser amenaza.
En el pasillo central, Lissandro y Leandro avanzaban juntos. Sincronizados. Idénticos en furia contenida.
Siguiendo las instrucciones de Noah por el comunicador, llegaron frente a la celda, dejando guar