El departamento olía a tierra húmeda y a la sopa que Anna había preparado la noche anterior. El departamento era su nido de amor, todo estaba rodeado de sus recuerdos, fotos de la luna de miel, y fotos que Lissandro había rescatado de la nube de su celular. Él seguía en la sala, con las manos doloridas y la mirada perdida en el último lugar que había visto a Leandro. Anna se quedó junto a él, con el botiquín abierto sobre la mesa baja, y la luz tibia de la lámpara les hacía una isla en la penum