391. POR FAVOR, AYÚDAME A HACERLA FELIZ
Miller respiró hondo, sintiendo el peso de la declaración de Ariel. Por primera vez, quizá, empezó a ver claro aquello que Ismael le había repetido tantas veces: Ariel y Camelia eran inquebrantables. No perfectos, no fáciles, pero sí completamente reales. Era algo que él no podía romper, no porque no tuviera fuerza para intentarlo, sino porque entre ellos dos no había fisuras que él pudiera aprovechar.