379. EL AMOR Y LOS AGUANTES TIENEN UN LÍMITE
Clavel y Camelia se habían marchado, dejando al capitán Miller en la entrada, observando cómo se alejaban abrazadas, riendo y felices. Exhaló con fuerza, soltando el aire contenido, y regresó a su despacho. Ese día, como tantas otras veces, había acompañado a Camelia a diversas reuniones, siendo testigo de cuántas veces Ariel había declinado las peticiones de su esposa debido a sus responsabilidades en la editorial. Camelia, tras buscar apoyo en Marlon o Ismael, terminaba llamándolo a él, quien