377. LA DUDA Y EL MIEDO
Con la inquietud instalada como un peso en su pecho, Ariel se apartó un poco junto a Félix para que nadie más pudiera escuchar su conversación. Aunque los hijos que habían aparecido, confirmándose como los legítimos herederos de su hermano, Ariel no podía sacudirse la sensación de angustia. Recordaba con demasiada claridad los episodios relacionados con Mailén y el pánico de imaginar que tal vez existieran embriones suyos dispersos por el mundo. Ese constante temor se afianzaba cada vez que re