325. UN NUEVO AMANECER
Camelia abrió los ojos y se encontró recostada en la enorme cama de una lujosa habitación a la que no había prestado atención antes. Giró la cabeza y, a través de la amplia ventana con las cortinas corridas, observó el mar azul extendiéndose hasta el horizonte. El suave vaivén le recordó que se encontraban en un yate. Ya no tenía fiebre, y el dolor había disminuido considerablemente. Con sumo cuidado, se incorporó, notando que, aunque aún le molestaba, la incomodidad era menor. ¿Cuánto tiempo h