Capítulo 22 — La marca
Oriana:
Y allí estaba, en la habitación de un motel, desnuda, empapada en traspiración, sentada y meneándome, sobre el hombre que llevaba amando hacía años. En cuestión de minutos me hizo que me corriera dos veces, la última sobre su miem*bro y gritando dentro de su boca. No podía ser más perfecto. Él no sabía que era yo la misteriosa mujer, y ahora menos se lo podía decir, pues la noche del baile, si bien lo disfruté y creo que Iván también, pues le pedía a su amigo que