Lucia, que estaba parada frente al mar, disfrutaba la sensación de las olas, que rozaban suavemente la planta de sus pies, a la par que la brisa despeinaba su cabello, y acariciaba su rostro, mientras sus ojos maravillados observaban el sol esconderse tras el horizonte. Un ritual que hacía a diario, y del cual nunca se aburría. Había comprado una pequeña casa en la costa, que se había convertido en su terapia. Se había dedicado a arreglarla y a decorarla a su gusto. Al principio, cuando p