—No tienes que seguirme. Estoy cansado María, vete a dormir tú también. —Le dice Greg, que cae sobre la cama tendido boca arriba.
—¡Lo haré! —Comenta la mujer con tal grado de malicia que se acuesta a su lado, y aprovechando que está borracho con su mano, empieza a acariciar su pecho por encima de la camisa.
Sutilmente, libera los botones, descubriendo el torso del hombre, y ver su cuerpo la hace tragar saliva. Realmente le gustaba Gregory, y tenía que ser suyo. Esta oportunidad no podía