Lorena, muy asustada, busca en su bolso con desespero sus documentos.
—¡Maldita sea! ¡Mi pasaporte no está! Definitivamente, tengo que ir a la casa. —Enciende el auto, y a toda prisa llega a la casa que antes era de su hermana. Rápidamente, intenta armar una maleta, y empaca todo el dinero en efectivo que puede, y cosas de valor como joyas. Observa el reloj, y sabe qué ha pasado alrededor de unas dos horas desde que fue amenazada por Lucía.
—No dejaré que me arruines la vida otra vez