Transilvania. Subsuelo del Castillo.
Mirela se dejó caer contra la primera superficie sólida que encontró en la oscuridad. Le importaba una mierda si era piedra, hierro o madera podrida; solo necesitaba dejar de caminar un segundo antes de que las piernas le fallaran.
Estaba sola. Luka se había quedado arriba y eso significaba que ya no tenía que fingir. Se abrió el abrigo de lana con manos temblorosas y se subió el vestido. Bajó la vista hacia su vientre.
No era bonito. No había nada de matern