Bastión del Eclipse. Residencia de los Rozen.
Adrik Rozen estaba sentado en el sillón de su madre. El asiento de cuero blanco crujió cuando se movió. Le quedaba grande. Todo en esa habitación le quedaba grande. Sobre el escritorio de cristal había montañas de documentos: transferencias de activos, códigos de seguridad de la bóveda familiar y, lo peor de todo, las listas de bajas de la guardia Rozen tras el ataque.
Adrik se frotó los ojos. Llevaba el anillo del sello familiar en el dedo meñique