La mañana en la ciudad amaneció con un cielo gris plomizo, reflejando el ánimo sombrío que reinaba en la habitación del hospital.
Seraphina, a pesar de las protestas de los médicos y de la insistencia de Chloe, firmó su alta voluntaria.
Tenía la frente vendada y el cuerpo dolorido, pero su mente funcionaba con una claridad gélida.
—No podemos volver al estudio de la ciudad, Sera —dijo Chloe mientras cargaba las maletas en el coche—. Si Alaric pudo bloquear la fábrica aquí, lo hará en cualquier