El polvo bailaba en los rayos de luz que se filtraban por las ventanas del nuevo local.
Chloe había cumplido su palabra:
El estudio era remoto, situado en una antigua zona industrial reconvertida, lejos del brillo pretencioso del centro de la ciudad y, sobre todo, a una distancia segura de la oficina de Alaric.
El espacio era vasto, con techos altos de vigas vistas y un suelo de hormigón pulido que resonaba con cada paso. Para Seraphina, aquel eco no era soledad; era libertad.
La decisión de mu