La medianoche en la Plaza Vendôme no disolvía la actividad fiduciaria de Tiempo Recobrado.
En el cuartel general de la firma, un espacio de techos altos con molduras napoleónicas y paneles de vidrio flotado que aislaban el sonido exterior, el aire permanecía impregnado del aroma rancio a cera de pulido, decapantes y el rastro metálico del titanio de Lyon.
El minimalismo vanguardista del mobiliario de ébano contrastaba con la fría luz de los monitores que proyectaban los pliegos de exportación a