Jhared.
Unas horas después de habernos despedido a Richard, quien se dirigía de nuevo a nuestro país. Nos encontramos sentados en la sala conversando de banalidades, causando en el Sr. Kimura una gran admiración hacia mí.
—Me alegra haberte conocido en persona —me sonríe radiante—; me gustaría que hubieran más personas como tú en el mundo, apasionadas por lo que hacen.
—Gracias —respondo, viendo también como su esposa me mira con cariño, y por el rabillo del ojo noto a su hija apuntando c