La noche de la tormenta había quedado grabada en mi memoria como un sueño del que no sabía si despertar. El roce de sus labios, el calor de sus dedos en mi mejilla, la forma en que había dicho mi nombre como si fuera una oración. Pero también la forma en que se había apartado, como si el teléfono hubiera sido una excusa para escapar de algo que le daba miedo.
Los días siguientes fueron extraños. Yerald evitaba el comedor cuando yo estaba presente, y cuando nos cruzábamos en los pasillos, su mir