El CEO pudo ver cómo Isabella se fue calmando poco a poco. Ella se había puesto bastante brava. Podía llamarse masoquista pero le había gustado verla así.
— Isabella, discúlpame...
— ¿Qué... pero por qué? — De pronto vió venir a ese dios griego hacia ella, la tomó de la mejilla y juntó sus labios a los suyos.
Sergey no pudo resistir el impulso de besar a esa hermosa mujer. Probó sus dulces labios en una danza perfecta. Acercó por la cintura el frágil y divino cuerpo de la dueña de su