La cigüeña vino a traer otro bebé.
En la villa del matrimonio Ivanov, la hora de la llegada de la escuela de los trillizos habia llegado.
El autobús escolar se estacionaba justo afuera de la mansión, las tres figuras bajaron y de inmediato se abrió el portón para ellos. Apenas entraron a casa buscaron a su madre. Ella siempre solía recibirlos en la puerta.
— Bienvenidos señoritos, suban a quitarse el uniforme y a lavarse las manos, la comida ya está lista. — Una de las mucamas recibía sonriente a los tres diablillos.
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