Cecilia llegaba con una sonrisa, su mirada color miel era como un dulce. Degel, apenas la miró, su cuerpo se tensó un poco, pero rápidamente se controló.
— ¡Hola a todos, espero no llegar tarde, Doménicas, me alegra que estés mejor, mírate, te ves genial!
La simpatía y dulzura que Cecilia, irradiaba, fue bien recibida por todos los presentes, aunque no tenían idea de por qué esa chica estaba invitada.
— Muchas gracias Ceci, por favor pasa, te presentaré. Ellos son mis padres, Dorian y