Cuando Domenica, salió de la habitación para tomar el elevador, apenas este cerró con ella adentro, se dejó caer resbalándose de a poco, lloró llevándose las manos al rostro.
Le dolía tanto saber que existía la posibilidad de que esa mujer rusa fuera quien le diera un hijo a su esposo, un hijo con el cual ella ya soñaba.
El corazón de la jóven Montana sangraba como si Estefanía, le hubiera hecho una herida con un afilado bisturí.
— ¿Por qué? Estamos tan felices ahora... ¿Por qué me qui