Tanto el CEO Volkov, como el asistente Dasha, estaban atentos al ecocardiograma. El doctor puso el gel azul en el vientre que todavía estaba plano, de Estefanía, y comenzó a buscar con un pequeño aparatito.
Solo habían pasado tres minutos de verlo mover la pequeña vara de metal cuando por fin habló. Había sido casi agonizante esperarlo.
— Si, aquí está, hay un bebé en el vientre de la paciente. Véanlo ustedes mismos. — Pidió el galeno.
El semblante del magnate se oscureció, no hubo al