Primer beso de amor.
El Maserati recorría las calles de nuevo, no se detuvo hasta llegar a la mansión Montana. Los guardaespaldas al verlo le dieron acceso, la villa era enorme y muy hermosa, se estacionó donde apenas comenzaban los jardines delanteros.
El magnate salió del coche y encendió un cigarrillo, le dió algunas fumadas y después respondió al mensaje que le envió Domi.
— Estoy en el jardín delantero, ven para hablar.
La jóven Montana salía del sanitario cuando vió la pantalla de su celular brillando,