Los padres llegan al rescate.
Los mafiosos no sabían que hacer con su preciado jefe sangrando y mal herido, le tenían mucho respeto, miedo también, pero más que nada le tenían lealtad.
Ningún miembro de la mafia mexicana era admitido si no tenía lealtad como carta de recomendación.
Y ahora mismo Emill, estaba en apuros.
— ¡Atenme el brazo con algo, esos hijos de puta me han dado!
— Jefe, necesita ir al hospital esta herida es algo serio.
— ¿Y como sugieres que salga de aquí, volando?
— No, jefe, usted no vue