Las esposas llegan al hospital.
En sus sueños, Doménica veía a su esposo, el estaba de pie a la distancia, la veía con esos profundos y penetrantes ojos azules que a ella la habían enamorado, pero de la nada él comenzaba a despedirse.
Lenin, agitaba la mano y le daba una sonrisa a una Domenica, ella podía ver cómo se alejaba cada vez más y más mientras su corazón se rompía de dolor.
En el sueño Domi, negaba con la cabeza y apenas podía susurrar.
— ¡No te vayas... no me dejes...!
Lágrimas comenzaron a rodar por las