El teléfono siguió sonando.
En la pantalla.
Solo un nombre.
Michael Foster.
Gabriel se quedó inmóvil.
Helena también.
Porque aquello era imposible.
O debería serlo.
— Gabriel...
murmuró Helena.
Pero él ya había contestado.
— Michael.
El silencio dominó el ático.
Durante algunos segundos.
Entonces una voz respondió.
— Hola, Gabriel.
La voz era tranquila.
Controlada.
Como si estuvieran retomando una conversación interrumpida ayer.
Y no cinco años atrás.
Helena sintió un escalofrío.
Porque aquel h