Helena permaneció en silencio durante algunos segundos después de su última pregunta.
— Solo falta que mi padre sea Eduardo Vasconcelos.
El viento seguía soplando sobre la terraza del ático.
Manhattan brillaba bajo ellos.
Pero, por primera vez desde que había llegado a la ciudad, Helena se sentía distante de aquel lugar.
Como si una parte de ella ya estuviera en otro sitio.
Muy lejos de allí.
En la pequeña ciudad del interior donde creció.
En la granja donde aprendió a montar bicicleta.
Donde d