Helena todavía estaba intentando escapar del interrogatorio de Emma.
Sin éxito.
— ¿Y bien?
insistió su amiga.
— Fue un beso.
— Sé que fue un beso.
Quiero los detalles.
Helena tomó un cojín del sofá.
Y se lo lanzó.
Emma lo esquivó.
Riéndose.
— Eso confirma que fue bueno.
— Eres imposible.
— Y estás enamorada.
El comentario hizo que Helena se quedara inmóvil.
Solo por un segundo.
Pero Emma lo notó.
Porque Emma siempre lo notaba.
— Dios mío.
— Cállate.
— ¡Estás enamorada!
— No lo estoy.
La respues