El viaje hasta el hospital fue silencioso.
Pesadamente silencioso.
Helena observaba la ciudad a través de la ventana del coche.
Pero sus pensamientos estaban lejos de allí.
El hombre de la discoteca.
Ryan.
O al menos ese era el nombre que le había dado.
Quizás era falso.
Quizás todo en él era falso.
Lo que importaba era que alguien lo había encontrado antes.
Y casi lo había matado.
A su lado, Gabriel permanecía concentrado.
La mandíbula tensa.
Los ojos fijos en la avenida.
Pensativo.
Cuanto más