Por primera vez en muchos años, Helena simplemente se estaba divirtiendo.
Sin bandejas.
Sin clientes.
Sin pedidos.
Sin reloj.
Solo música.
Luces.
Y una amiga imposible.
Emma bailaba como si hubiera nacido para eso.
Riéndose.
Girando.
Arrastrando a Helena de un lado a otro de la pista.
—¿Te estás divirtiendo?
gritó por encima de la música.
Helena sonrió.
—Lo estoy intentando.
—Mentira.
Te está encantando.
—Tal vez un poco.
Emma se llevó una mano al pecho.
—Por fin.
Esperé años para escuchar eso.