ANGIE
Ella estaba en su habitación; le parecía que revoloteaban mariposas doradas y que el sol atravesaba las paredes de bloque de arcilla y que aún la energía de Danilo le recorría su interior, haciéndola sonreír sin dejar de cuestionar la realidad y pensando en cómo se lo contaría a sus amigas, cuando su hermano Jon entró sin tocar. Ella lo miró con rabia contenida.
—Hola, hermana, tiempo sin vernos.
—Ya me enteré de todo, Jon, y ¿sabes qué me duele más que todo lo que está pasando? —le dijo,