DANILO
“Qué linda es la vida, lástima que algún día se tiene que acabar, qué linda es la vida aunque no la compliquemos; tal vez por eso la gente se embriaga para desconplicársela, embruteciéndose”, pensaba Danilo mientras vaciaba en su boca una botella de un licor amarillo.
—No debí de haberla echado, aunque ella se me tiró la vida. —Se gritó a sí mismo. —Nooo, no se puede. Ella es mi salvación, no la puedo dejar ir; además… como que la amo.
—¡Eres estúpido! —se regañó viendo el espejo. —Danil