Me quedé por un momento pensando en lo que esa mujer me acababa de decir, y aunque sabía que tenía razón, tampoco quería que me tomaran como una delincuente que busca broncas con las demás presas, ya que necesitaba cuando saliera mi juicio que el juez me dejara en libertad, aunque fuera pagando una fianza, ya que sabía que Mario haría cualquier cosa y pagaría lo que me pidieran como fianza para sacarme de aquel horrible lugar.
— ¿Cómo te llamas? ya que tu sabes mi nombre, pero yo no el tuyo —